domingo, 21 de agosto de 2011

Entre sueños y andenes

Te acuerdas del día que te caíste de la cama. Lo primero que me dijiste fue: “Papá pude soñar”. Tus ojos relucían con la poca luz que entraba por la ventana. Mi sonrisa apareció inmediatamente, sabía que tu ilusión era bendita. Me pareció raro que no hubieras llorado, aún eras pequeña y escuché un fuerte golpe. Me tuve que levantar y salí corriendo hasta tu cuarto. Pero cuando llegué ya estabas acostada y arropada, queriendo dormir otra vez.

Mi mano acarició tu cabello y después de tu comentario pregunté emocionado: “¿Qué soñaste?”. Como acababas de vivir la escena en tu subconsciente, te acordabas perfectamente. Te pusiste de pie y caminaste hasta la terraza. Arrastrabas tu sábana favorita contigo, a tu mamá no le gustaba que hicieras eso porque la ensuciabas. Pero a mí qué me iba a importar, quería escuchar tu historia. Te quedaste viendo un rato la costa mediterránea. Estabas esperando el momento perfecto para comenzar.

Tu voz salió delicadamente al son de la brisa marina. Me senté a tu lado para oírte claramente y dijiste: “Soñé que era un tren subterráneo e iba más rápido que todos. Las vías eran sólo mías y podía ver cómo la ciudad se expandía. Era su dueña. Nada me podía detener, hasta que vino un curva cerrada para la izquierda y colapsé contra el suelo de mi cuarto”. Me reí de tu imaginación y te cargué hasta tu cama. Te di un beso y dije: “Buenas noches”. Me volví a acostar y tenía unas ganas gigantes de soñar.

Y lo logré. Estaba en Liceu, mi estación favorita por sus colores, esperando el metro para ir a algún lado. No sabía qué hora era, las pantallas estaban apagadas. Había mucha gente pero conseguí un hueco donde me senté a esperar y vi que a lo lejos venía un tren. Era más veloz que todos los que había visto antes. Entró como un soplido por el andén y me sorprendí al verte manejándolo. Supe que eras tú porque llevabas tu manta rosada encima. Sin embargo, no me miraste y seguiste de largo. Empecé a correr para alcanzarte hasta que me tropecé con una piedra y me despertó el impacto contra el suelo. Cuando abrí los ojos en mi cuarto estabas ahí contemplándome y sólo me preguntaste: “Papá, ¿qué soñaste?”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario