lunes, 27 de diciembre de 2010

El recorrido de una lágrima

Hay momentos en los que uno está tan triste o tan feliz que sucede algo extraño en la parte superior de la cara. Las emociones se apoderan del cerebro y los sentidos se apagan lentamente. Ese cambio radical incide entre la nariz y los ojos, y experimentamos como se produce algo diferente ahí adentro.

Los párpados se cierran y sienten como una pequeña gota sale de su interior. Esa primera lágrima que sale marca un recorrido que seguirán las demás, y es una extraña casualidad que vaya justo por donde pasaron sus suaves dedos la última vez que se vieron. Ella baja por el cachete, llega hasta el labio y lo bordea suavemente. La piel se siente húmeda y un poco cálida, por esta razón recuerda otras escenas mediante la memoria y las lágrimas empiezan a salir más rápido.

El caudal incrementa con el tiempo y la primera lágrima ve como el vendaval que viene hacia ella tranquilamente sigue marcando el recorrido; al final pasa por el punto donde fue el último beso borrando lo poco que quedaba de la pintura de labios y no sabe qué más hacer, no puede volver hacia arriba, la gravedad se lo impide, así que sigue bajando hasta que llega al borde de la cara.

Ya sabe lo que le toca hacer, ese precipicio se ve gigante para ella, se voltea y observa que todas sus compañeras siguen su camino, piensa si después de esto habrá cumplido su función de desahogar a su creador. Ella cree que sí y se empieza a despegar de la piel, sus pequeños pies agarran el impulso necesario para llegar a su destino final.

Uno siente como la lágrima se separa de su cara y mira como llega tranquila al piso seco y alumbrado por el Sol. Ella experimenta un aumento en la adrenalina, su cuerpo se estira un poco, sabe que su existencia está a punto de terminar y ve el final marcado en el suelo. El choque es más suave de lo que se esperaba, cuando lo toca se esparce en forma de círculo y mira para arriba y puede detallar como las demás vienen hacia ella.

Todas se van juntando y la marca circular va aumentando su diámetro, la radiación solar hace que se vayan calentando. Al estar compuestas por una gran cantidad de agua, ganan el poder de ascender al cielo y desde ahí cuidan a su dueño que en este momento tan triste o tan feliz aún no ha dejado de llorar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

El margen del olvido

Yo tengo un cuaderno en el que escribo las cosas que me pasan, él tiene dos márgenes, a la izquierda tiene uno de color azul a tres centímetros del origen de la página; a la derecha tiene otro de un color rojo intenso a sólo dos centímetros del final. Es fácil respetar la guía que marca el primero ya que por ahí se empieza, pero el otro es muy difícil de conservar, veo como en varios cuentos las letras se salen del margen, debido a la manía de justificarlo para que quede perfecto, pero esto no es Word, en el que nada más hay que darle a un clic.

Es extraño pero las cosas que escribo fuera del margen se borran con el tiempo, veo como mis dedos escriben desconcentrados en esta noche de invierno y se pasan un poco de la línea roja, y cuando la hoja se da cuenta se alumbra un poco y la tinta del bolígrafo es consumida por ella. Cómo me gustaría olvidar ciertas cosas así de fácil como estos pedazos de papel que tengo en mis dedos, estos escritos que relato y no me gustan y arrugo y rompo con mis manos. Ese poder que al parecer esta niña tiene dentro de sí.

Cuando ella agarró por primera vez el cuaderno lo vio sorprendida y le gustó lo que leyó, se veía claramente en sus lindos ojos, mientras sus labios decían algunas incoherencias y sus cachetes se ruborizaban un poco. Ella me lo pidió porque pensó que el verdadero poder estaba en él y no en los dedos, ella se lo llevó y empezó a relatar el mismo cuento desde su punto de vista, pero curiosamente el margen rojo se empezó a mover poco a poco hacia la izquierda y todas las palabras iban quedando por fuera.

El margen del olvido la consumió y hoy no sabe qué sintió en esos momentos en los que escribía la historia; ahora que tengo el cuaderno en mis manos puedo ver como el margen vuelve a la normalidad, a sus dos centímetros del final, y observo con claridad que casi todo se borró, nada más hay una palabra formada de arriba hacia abajo por mera casualidad. Unas pocas letras que me hacen sonreír para escribir esta surrealista realidad.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Sentimientos del corazón

La noche se vuelve loca a partir de una hora, creo que es esa en la que la Luna desaparece sonriendo a través de las nubes que tapan el firmamento; las estrellas deben estar reluciendo pero nosotros no vemos nada, sólo lo producido por la luz artificial. Y qué grandeza nos trae al mundo este invento creado por los humanos, una planta por allá, miles de bombillos por acá; gracias a eso podemos estar aquí reunidos en la casa de un pana, bebiendo algo relajados, intercambiando algunas historias del pasado.

El típico abrazo del reencuentro como relaté hace tiempo, las sonrisas, el placer, el deleite de compartir unas horas más con esa gente a la que apreciamos. Minutos que se pasan volando hablando de cualquier cosa, en mi caso es normal hablar del Barça, de la música, de la escritura, en concreto de las cosas que impulsan el movimiento de mi corazón. La sístole y la diástole cumplen una función básica para mi existencia y me parece curioso que se muevan en armonía con el ritmo que en el fondo suena, creo que es algo de jazz, unas notas suaves que me relajan en el instante.

Miro la botella vacía que está reluciendo en mis manos, el peso es irrelevante en este momento, debo ir a buscar otra; la cocina cuadrada está llena de gente, debo esquivarla e ir a la parte de atrás donde está el frigorífico secreto. Saco una cerveza más y salgo, ahora curiosamente la sala está vacía y me consigo al dueño de la casa recostado en un mueble y me dice algo de una persona que yo pensé que iba a estar ahí.

Me explica las excusas que tuvo para no venir y mi mirada contrariada pensando si esto era en serio y mi boca que inmediatamente se mueve y dice: “Hace tiempo que no hablo con ella”. Él que me explica que no sabe nada y yo exclamo: “Ya me olvidé de ella”. Él me observa detenidamente, aspira su cigarro y su intelecto aumenta mientras el humo alimenta sus pulmones ya dañados, veo como su mano señala mi cabeza y su voz me dice seriamente: “No importa lo que te diga esto”. Su dedo índice baja un poco y apunta directo a mi corazón y dice: “Importa lo que sientas aquí, ése no miente”.

Mi cabeza da un giro en espiral y mis palabras se quedan mudas, no salen de mis labios. En ese instante me pongo a pensar en muchas cosas, una silueta, una sonrisa, sus ojos, imágenes que invaden mi cabeza y hacen que mi corazón empiece a sentir algo diferente, un cambio en su ritmo, la armonía se rompe y las pulsaciones se hacen más fuertes. El reloj que está en la pared se detiene y empiezo a esperar ese momento en el que se abra la puerta y aparezca ella para recordar ese sentimiento del corazón que, según el anfitrión, no se ha borrado después de todo este tiempo que pasó.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Reencuentros

Qué sensación se genera en nuestra cabeza cuando volvemos a ver a alguien que hacía tiempo que no veíamos, una persona que apreciamos y queremos. Lo más común es una sonrisa, una alegría difícil de describir, un abrazo prolongado para que esto no vuelva a pasar, para que no nos vayamos nunca más.

La memoria inmediatamente empieza a dar vueltas en su propio espiral eterno y nos lleva a todos los momentos vividos con esa persona que estamos volviendo a ver, para recordarnos lo que significa este mísero primer segundo del reencuentro.

Hasta que nos cae una gota del cielo en el ojo, volvemos al presente y nos damos cuenta que esto es verdad, pero aún así dudamos, estamos ahí juntos otra vez, no es el sueño que tuvimos la noche anterior. Nos cuesta entender esto después de las horas de vuelo, de trasbordos y de esperas, en aeropuertos y en el carro gracias a las típicas colas que hay en la ciudad.

Lo triste es que no caeremos en cuenta hasta que llegue el momento de la despedida, cuestionaremos la realidad de los eventos y se empezará a crear una nueva espera para otro reencuentro, que siempre buscaremos repetir, para sonreír, para disfrutar, para abrazarnos una vez más y no dejarnos ir; claro, hasta que la vida nos lo permita.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Modelizando

¿Qué es un río?, he leído comparaciones con los seres humanos, donde se les relaciona con nuestras arterias, ellos son los encargados naturales de llevar el elemento básico para la vida desde su nacimiento aguas arriba, en lo alto de una montaña normalmente, hasta su desembocadura en el mar. Puede ser cierto ese símil, nuestro cuerpo necesita que las arterias transporten la sangre desde el corazón hacia todos lados, para darnos energía, para poder seguir viviendo; y sin agua la vida en el planeta no existiría tal como la conocemos.

¿Qué es un modelo?, algo que inventaron los humanos para buscar representar la realidad, al menos eso nos dijeron en clase. Hace ya varios días recibimos un regalito que decía que deberíamos usar un modelo de calidad de agua para ríos, para ver cómo varía ésta a lo largo de un año pasado, un hindcast me acuerdo que dijo que era.

Varias cosas curiosas pasaron en esa clase, una chama esperaba ansiosa el momento en el que por fin pudiese conocer al escritor secreto, me imagino que se sabía por completo el correo que le mandó, que decía algo así como que su nombre era el que más le sonaba de la clase, o sea el chamo la quería conocer y ya; obviamente nosotros nos reíamos de ella y esperábamos ese instante en el que él abriera la puerta, se acercara a ella y le dijera: “Hola, soy el del mail”.

Pasa una hora de clase y no sucede nada, pero a las siete y diez se escuchan unos pasos en el pasillo, volteo a ver a la chama, que está sentada cerca de la ventana y observa con ansiedad la puerta, le hago un guiño y ella se ríe. Las pisadas se oyen cada vez más duro y se detienen en frente de la puerta gris, se ve la sombra a través de la ranura inferior y el pomo va cediendo lentamente. El mundo se tensa en ese segundo en el que él abre la puerta y viene con su cara de despistado y se va a sentar en la última fila del salón. Yo le digo a la chama que está al lado mío: “Ese es el misterioso”. Ella me ve y me dice: “Sí, ya sé”. Los dos volteamos a ver a la interesada y sus ojos están clavados en él.

Me imagino que cuando cruzó su mirada con la del escritor misterioso sintió como sus mundos chocaban y creaban un nuevo universo, el calor de la explosión inundó inmediatamente sus cachetes de un fuego rojizo, que podíamos ver claramente en el medio del salón. Pero toda la ilusión se termina cuando suena la flauta y nos tenemos que ir a casa, a prepararnos para hacer el regalito.

Al salir del salón se veía la alegría en la cara de un compañero ya que el profesor le prometió hacer el nowcast para el día de su boda, la emoción con la que el chamo anotó el número de teléfono era casi como la que sintió cuando Jeffren marcó el quinto gol ante el Madrid. Ojalá no llueva ese día y disfruten bastante; y estoy seguro que tendrán el mejor pronóstico del mundo, con el meta modelo desarrollado por nuestro estimado profesor.

Llegamos a nuestras casas y nos ponemos a leer manuales, nos damos cuenta que en verdad son horas perdidas en frente de una pantalla rectangular encendida, introduciendo datos incoherentes, inventados, de hace más de veinte años. Qué vamos a aprender con esto, me pregunto, cómo podemos usar algo que nunca antes hemos visto, tendremos que utilizar toda nuestra imaginación para desarrollar el modelo, pero la pobre está agotada con estas historias y con la gripe que azota la ciudad a través del viento ártico.

El malestar me pega fuertemente, en conjunto con el estrés aéreo, por eso en los momentos en los que estoy peor me acuerdo de cosas lindas que me han pasado para mejorarme, jugando con mi memoria; y no sé por qué esta vez, en este día congelado de invierno, pasó ella una vez más por mi cabeza. Me acordé de su sonrisa, de su cabello, que pasaba suavemente entre mis dedos, de sus labios, de sus ojos, cuyo color no recuerdo muy bien. Pero ahora sale por fin el Sol y me devuelve a la realidad, diciéndome que hay que continuar, que hay que terminar el trabajo, que hay que seguir modelizando.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

The Prison Cell

I can’t achieve I cannot reach

The destiny that lies within

I try to speak but I cannot breach

The walls that are surrounding me


I know you’re there

I can sense your smile

Flowing in the air

Oh I know it’s there

Travelling through space and time


I just want to escape

From this prison cell

The epicenter of my hell

I know that strength is all it takes


To say just one word

A single, a simple hello

To hear your voice roar

To break this gigantic wall

To set me free and to see you once and for all

Emociones en colores

Decían que hoy sería un día gélido, el peor de lo poco que llevamos en el invierno. Una temperatura media de cinco grados, vientos fuertes y lluvias; pero el clima no podía eclipsar el evento que nos deparaba el destino en el Camp Nou, sede de un equipo de fútbol que he seguido con pasión desde hace mucho tiempo.

A las ocho de la noche emprendo mi rumbo hacia el estadio y el ambiente que se ve en las calles es impresionante, miles de personas, ríos de gente fluyendo hacia la entrada del estadio. La lluvia que empieza a caer no importa, vamos caminando hacia la puerta y entramos a nuestro templo sagrado.

Los asientos están mojados y la gente se pone sus chubasqueros para luchar contra el agua que cae suavemente sobre el campo. La voz del estadio nos dice que hoy se cumplen 111 años de la fundación de este equipo. Todo el mundo aplaude y empieza a sonar el himno, la imagen que ven mis ojos atónitos no se puede contar con unas simples palabras. Los colores se despliegan a lo largo de las gradas y mi pecho se empieza a llenar de aire para cantar junto a las demás 98.000 personas; y yo con una cartulina en una mano y la cámara en la otra, intento capturar ese momento, aunque sé que de todas formas se quedará grabado en mi mente, ese gigante t’estimo Barça que sentimos todos en el corazón.

Me imagino que los jugadores se verán sumamente motivados por el mosaico y defenderán sus colores como nunca en esta noche de noviembre. A las nueve en punto el mundo se paraliza, espera que el árbitro pite el comienzo del partido, todos los movimientos son lentos, los jugadores ven la arquería contraria, saben cuál es su meta.

El colegiado pita y empieza el show, en el minuto cinco Messi envía un balón al poste, pero eso era nada más el aperitivo, cinco minutos más tarde, el señor Xavi Hernández nos muestra un poco de su clase dorada y marca el primero de la noche. La emoción que se genera en el estadio es incalculable, no hay comparación para esto, hay que estar ahí para sentirlo. El juego continúa y es un verdadero baile, el Barça demuestra lo que es jugar al fútbol y el Madrid sólo puede correr detrás del balón. Rondando el minuto treinta de juego podemos ver como el equipo azulgrana no deja de tocar el balón, por más de cincuenta segundos van pasándolo por los pies de todos los integrantes, al final hasta Casillas está mareado por esto y Villa centra desde la izquierda, Iker intenta despejar, se la come y ahí estaba Pedro para rematar el gol.

Como es lo normal el partido se pone un poco tenso con las acciones agresivas e infantiles del equipo fantasma, pero nuestros jugadores son más grandes que todos, no caen en provocaciones y nos siguen brindando el mejor espectáculo futbolístico del mundo. Los ánimos se calman en el entretiempo y la gente entra en los pasillos internos del estadio para comer su bocata protegida de la lluvia que sigue cayendo.

En el segundo tiempo caen tres más, dos pases magistrales de Messi, mejor dicho Dios, y unas buenas definiciones de Villa; cada vez que el Barça marca la emoción roza unos niveles inhumanos. El estadio se divierte saltando y cantando: “Boti, boti, madridista qui no boti”. Cuando sale al campo Jeffren Suárez, nuestro compatriota y marca el 5-0 nos recordamos de Eto’o gritando la frase por la que se hizo famoso hace ya un tiempo, un poco ofensiva pero divertida.

Al final de todo, analizando el partido me di cuenta que en el campo sólo se veían dos colores, el azul y el grana, qué imagen, qué emoción, qué deleite para nuestros ojos. Este Barça es indescriptible, pienso en ponerle un calificativo y no lo consigo, maravilloso, elegante, excelente, se quedan cortos para describir lo que nosotros culés sentimos al ver el juego de este equipo, el mejor de la historia. Gracias Pep. Visca el Barça.