miércoles, 1 de diciembre de 2010

Emociones en colores

Decían que hoy sería un día gélido, el peor de lo poco que llevamos en el invierno. Una temperatura media de cinco grados, vientos fuertes y lluvias; pero el clima no podía eclipsar el evento que nos deparaba el destino en el Camp Nou, sede de un equipo de fútbol que he seguido con pasión desde hace mucho tiempo.

A las ocho de la noche emprendo mi rumbo hacia el estadio y el ambiente que se ve en las calles es impresionante, miles de personas, ríos de gente fluyendo hacia la entrada del estadio. La lluvia que empieza a caer no importa, vamos caminando hacia la puerta y entramos a nuestro templo sagrado.

Los asientos están mojados y la gente se pone sus chubasqueros para luchar contra el agua que cae suavemente sobre el campo. La voz del estadio nos dice que hoy se cumplen 111 años de la fundación de este equipo. Todo el mundo aplaude y empieza a sonar el himno, la imagen que ven mis ojos atónitos no se puede contar con unas simples palabras. Los colores se despliegan a lo largo de las gradas y mi pecho se empieza a llenar de aire para cantar junto a las demás 98.000 personas; y yo con una cartulina en una mano y la cámara en la otra, intento capturar ese momento, aunque sé que de todas formas se quedará grabado en mi mente, ese gigante t’estimo Barça que sentimos todos en el corazón.

Me imagino que los jugadores se verán sumamente motivados por el mosaico y defenderán sus colores como nunca en esta noche de noviembre. A las nueve en punto el mundo se paraliza, espera que el árbitro pite el comienzo del partido, todos los movimientos son lentos, los jugadores ven la arquería contraria, saben cuál es su meta.

El colegiado pita y empieza el show, en el minuto cinco Messi envía un balón al poste, pero eso era nada más el aperitivo, cinco minutos más tarde, el señor Xavi Hernández nos muestra un poco de su clase dorada y marca el primero de la noche. La emoción que se genera en el estadio es incalculable, no hay comparación para esto, hay que estar ahí para sentirlo. El juego continúa y es un verdadero baile, el Barça demuestra lo que es jugar al fútbol y el Madrid sólo puede correr detrás del balón. Rondando el minuto treinta de juego podemos ver como el equipo azulgrana no deja de tocar el balón, por más de cincuenta segundos van pasándolo por los pies de todos los integrantes, al final hasta Casillas está mareado por esto y Villa centra desde la izquierda, Iker intenta despejar, se la come y ahí estaba Pedro para rematar el gol.

Como es lo normal el partido se pone un poco tenso con las acciones agresivas e infantiles del equipo fantasma, pero nuestros jugadores son más grandes que todos, no caen en provocaciones y nos siguen brindando el mejor espectáculo futbolístico del mundo. Los ánimos se calman en el entretiempo y la gente entra en los pasillos internos del estadio para comer su bocata protegida de la lluvia que sigue cayendo.

En el segundo tiempo caen tres más, dos pases magistrales de Messi, mejor dicho Dios, y unas buenas definiciones de Villa; cada vez que el Barça marca la emoción roza unos niveles inhumanos. El estadio se divierte saltando y cantando: “Boti, boti, madridista qui no boti”. Cuando sale al campo Jeffren Suárez, nuestro compatriota y marca el 5-0 nos recordamos de Eto’o gritando la frase por la que se hizo famoso hace ya un tiempo, un poco ofensiva pero divertida.

Al final de todo, analizando el partido me di cuenta que en el campo sólo se veían dos colores, el azul y el grana, qué imagen, qué emoción, qué deleite para nuestros ojos. Este Barça es indescriptible, pienso en ponerle un calificativo y no lo consigo, maravilloso, elegante, excelente, se quedan cortos para describir lo que nosotros culés sentimos al ver el juego de este equipo, el mejor de la historia. Gracias Pep. Visca el Barça.

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