Las sábanas estaban secas y la cama era muy dura para conciliar el sueño. Sus ojos no se querían cerrar, no sabía bien por qué. Se lo preguntaba mientras miraba el reflejo de la luz en la ventana. Él se tenía que levantar temprano para ir a la primera clase del año, pero no podía dormir. Pensaba que tendría el último chance para conocerla por fin. Estaba un poco nervioso y su cabeza daba vueltas. Su cuerpo estaba incómodo y se movía constantemente. Logró dormirse justo en el momento en el que vio al Sol.
Se tuvo que despertar unas pocas horas después, sus piernas no se querían mover y le pedían unos minutos más de descanso. Cuando por fin se levantó fue al baño, se duchó, se peinó y se vistió. Estaba listo para salir, agarró su iPod y se fue caminando. Llegó al salón al rato, ella no estaba ahí. La puerta se quedó abierta durante toda la clase pero ella nunca entró. Sus pies se movían rápidamente, estaban nerviosos esperando el reencuentro. El profesor dijo su nombre y él se tuvo que parar a exponer. Le dio la presentación a la clase, no la había preparado pero improvisó bastante bien, las palabras salieron con fluidez.
Mientras hablaba en voz alta no dejaba de ver la ranura de la puerta. Se detenía cada vez que pasaba una silueta. Sus manos explicaban el tema y se metían en los bolsillos derrotadas. Terminó de exponer, lo aplaudieron, se sentó y no tenía nada que hacer. La puerta se trancó y las persianas estaban cerradas. Se enfocó en su celular y escribió un mensaje. La clase sin sentido terminó una hora después. Él se levantó de la silla, recogió sus cosas y salió a la calle.
El viento soplaba fuertemente por el pasillo y vio como un cabello volaba y le pegaba en la cara. Él se detuvo y se lo quitó de encima. Se sentó un momento a amarrarse las trenzas del zapato y se acordó que se le había quedado el cuaderno en el pupitre. Regresó lentamente hasta la puerta de entrada al edificio. La abrió y escuchó el peculiar sonido de la misma. Subió hasta el piso uno y el salón estaba abierto. Cuando entró se sorprendió al verla adentro, leyendo algunas cosas que estaban escritas en la parte posterior del cuaderno.
Se acercó y ella le dijo: “Escribes bonito”. Se puso un poco nervioso, sus manos no sabían qué hacer. Sólo salió un: “Eso dicen”. Ella sonrió y le dio el cuaderno en sus manos. Él se preguntó dónde habría estado ella durante la clase, no la había visto, por qué le estaba pasando esto ahora. Ella se empezó a ir caminando tranquilamente, él seguía sin creérselo y tuvo la valentía de preguntarle: “¿Cómo te llamas?”.
Ella se volteó, lo vio directamente a los ojos por primera vez. Estaba cerca de ella, la detalló para escribir algo al respecto posteriormente. Su boca se comenzó a abrir, iba a saber su nombre por fin. Su voz salió de sus labios, voló a través del espacio y cuando llegó a sus oídos sonó el despertador.
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