sábado, 22 de enero de 2011

Los sentidos

Cuando la tristeza invade el territorio interior del cerebro los ojos dejan escapar unas esferas de agua. Por culpa de esto el caos se expande y el cuerpo se descontrola. La boca se abre inesperadamente buscando oxígeno para los pulmones comprimidos por el efecto del llanto. La voz se queda muda, no puede decir nada de lo que piensa. Todo yace en el significado secreto de las lágrimas que pasean por el rostro.

Las manos quitan los lentes para evitar que se mojen los cristales. Inmediatamente después tapan toda la cara y van limpiando las gotas saladas en las sábanas. Quieren detener esto. No entienden lo que le pasa a los ojos que siguen aguados. En ese instante los sentidos se unen para eliminar el dolor. La memoria se coloca en el centro del cuerpo y toma el control del cerebro y del corazón.

Los párpados se cierran, pero la vista permite observar una escena anterior en la que de verdad se disfrutó. La nariz se bloquea, está tapada por el frío de la calle, pero le llega el aroma de la cocina que tanto le gusta y tanto extraña. Las manos siguen en frente de la cara, pero se distraen y tocan suavemente los cachetes. Recordando esa última caricia.

Los oídos se concentran y se acuerdan de esas voces que han escuchado tantas veces. Saben que hay varios tonos y que dependen del humor, pero ahora se enfocan en las risas, sólo en las risas. La lengua está seca por el aire que entra como un vendaval por su canal, pero cuando la boca se cierra, recuerda ese peculiar sabor y ese toque mágico, esa sazón.

Todo el conjunto se mezcla con el poder del sexto sentido, que llevamos adentro, curiosamente en el centro del pecho y que sólo expresamos y sentimos en algunos momentos, para intentar vivir sin contratiempos.

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