lunes, 17 de enero de 2011

El fin de un sueño

Hoy todos sus compañeros reían, disfrutaban, estaban contentos. Se había terminado su calvario, esa materia fastidiosa de desarrollo. Salieron contrariados del examen al comprobar que las preguntas eran un poco extrañas. Se preguntaban qué quería el profesor como respuesta. Se consiguieron en el bar, en el que tomaron una cerveza para celebrar. Él estaba ahí también, pero no sentía lo mismo que ellos. Pensaba que había sido una evaluación larga, unas horas intensas de escritura y no particularmente de la que le gusta.

Llegó tarde al salón y vio que todo el mundo estaba acomodado. Dio un vistazo rápido por el aula y encontró, en un giro de noventa grados, su inspiración. Ahora sí podía presentar. Se paró al lado de ella. En un momento pensó en decirle algo, pero el profesor le dijo que se sentara en la primera fila. Así que fue y encontró su lugar alejado de sus amigos. No podía voltear más, estaba prohibido.

Le dieron el examen, lo leyó y sus dedos empezaron a redactar lo primero que pensaban. El tiempo no era suficiente, entonces aceleraron como nunca y terminaron cinco minutos antes del final. Eran los trescientos segundos necesarios para corregir. Se impresionó de su perfect timing y entregó las hojas recicladas de papel. Se puso la bufanda, se levantó y se fue.

Estaba distraído pensando que su sueño se había roto una vez más. Cuando salió por la puerta la vio viniendo por el pasillo. No supo qué hacer y le abrió la salida. Ella pasó y justo cuando le iba a decir algo, un “pasa, ¿cómo te fue?” por lo menos, lo llamaron sus compañeros. Volteó rápidamente al escuchar su nombre y caminó hacia allá. Se quedaron ahí un rato comentando la ridiculez de las preguntas. Su cuello no se podía controlar y giraba en cada instante para ver si aparecía otra vez.

El ruido empezó a molestar la conversación, estaba casi todo el grupo afuera. Entonces decidieron ir al bar para beber una cerveza y hablar sin perturbaciones. Comenzaron a andar y la puerta del otro lado se abrió. Su cabeza volteó y la vio, estaba igual que la primera vez que la describió. Era algo impactante para sus atrevidos ojos marrones que querían ir hacia allá.

Sabían que esta escena representaba el final de ese sueño que empezó hace ya bastante tiempo. En ese lunes aburrido en el que se dio cuenta que podía soñar despierto. Esperaba impaciente el momento en el que se levantara de la cama, o del pupitre. Deseaba haberse quedado dormido en el examen. Pero no fue así.

Una mano lo haló y bajaron para el bar. Pidió una cerveza, a pesar del frío húmedo que planeaba por el ambiente. Se la tomó y cuando se terminó se dio cuenta que tenía que dejar de anhelar algo que no era verdad. Así que abrió sus párpados por completo y la fue a buscar. Para convertir de una vez por todas su sueño en realidad.

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