jueves, 27 de enero de 2011

El final (de un final)

Después de descargar nuestra energía en 4 tipos de formas: pérdidas caloríficas, energía cinética de muñeca, energía cerebral y visual, al acabar el examen nos esperamos todos. Silencio en el aula. Inquietud, expectativa.

"Esperad 10 minutos fuera, nada más". No sabíamos lo que nos esperaba. La despedida de 35 años, de los cuales sólo habíamos compartido medio. Todos estos años impartiendo el mismo conocimiento una vez tras otra, con jóvenes de las mismas edades, miles y miles de caras para recordar, plasmadas en orlas que nunca envejecerán (véase el club de los poetas muertos). ¿Os imagináis? ¿Lo veis? 200 alumnos de caminos por 35 años hacen un total de 7000 alumnos! Conocimientos perennes, firmes y sólidos, que han ido fluyendo por ósmosis, filtrando la información innecesaria.

Uno se hace a la idea de todo este transcurso cuando está presente en ese final, ese gran final que uno se plantea una y otra vez cómo va a ser. Pues será un día normal y corriente, en un examen corriente, realizando sus últimas correciones habituales, pero esta vez en un despacho más vacío de objetos, y lleno de recuerdos. A cada fichero que vaya a quitarle el polvo, y a guardar en una caja de cartón para su traslado, vendrán memorias a la cabeza. Ese día tan normal y corriente se transforma en un día que marcará un antes y un después.

Cuando uno alcanza su máxima plenitud, cuando uno se convierte en el experto en quien todos desearían pedir consejo, toca el abandono del lugar. Ese lugar que ha costado tanto tiempo y tantos esfuerzos en conseguir, en crecerse, en perfeccionar, en dominar un método, en seguir mejorando día a día hasta llegar a ser quien se es. Voluntariamente o no, toca el retiro, y con ello el tener que asimilar que toca ceder y dar paso a lo nuevo.

¿Siguiente, por favor? Su turno!

1 comentario:

  1. Lo vamos a echar de menos...
    Yo también quiero encontrar la juventud eterna.

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