martes, 30 de noviembre de 2010

Juegos del tiempo

Mis dedos aburridos buscan algo que hacer para pasar el tiempo en el medio de la clase, veo como juegan con el lápiz, dándole vueltas entre ellos, pasa del índice al meñique sin alteraciones, se divierten haciendo malabares para que no se caiga, es casi un mecanismo perfecto. Me pregunto si en el fondo intentan sorprender a alguien.

A veces tocan la fría madera del escritorio, intentan hacer un ritmo nuevo, y en ese juego entran las piernas marcando el tiempo. Cuando se acaba la canción normalmente suben hasta los labios, que al estar rotos por el frío, tienen pedazos de piel que ellos rozan y halan detenidamente, sin causar dolor alguno.

Creo que el tiempo se detiene y el calor aumenta paulatinamente, sentarse al lado de la calefacción es lo más parecido a estar en el infierno, o de regreso al insoportable verano.

Inmediatamente me pongo a pensar en cuál será la causa de este ralentí, y me acuerdo de una brillante idea de Daniel Wallace, cuando el personaje principal de su primera novela ve al amor de su vida, el tiempo se para y tiene la oportunidad de detallarla perfectamente, pero después de eso debe regresar a la normalidad por lo que empieza a ir en cámara rápida y pierde el chance de hablarle y conocerla.

Capaz y es por eso que esta clase va tan lento, capaz y ella está aquí cerca de mí y debería buscarla y detallarla, nada más tendría que girar mis ojos, para observarla, para retener esa imagen, para poder encontrarla después, cuando despierte del sueño o cuando regrese al tiempo correcto.

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