sábado, 20 de noviembre de 2010

La temperatura perfecta

Cuando entra un frente frío en la península ibérica suceden una cantidad de eventos curiosos, lo primero que notan nuestros sensibles cuerpos es la fuerte caída de la temperatura. Nos levantamos a la mañana y en el instante en el que abrimos la ventana sentimos como un ventarrón helado casi nos congela en un mísero segundo. En seguida la cerramos y prendemos la calefacción, lo que nos cuesta un poco porque venimos de otro país donde esto no es necesario.

Es hora de salir a la calle y la ropa que llevamos puesta va creciendo y nuestro peso aumenta paulatinamente. Es una molestia que debemos cargar para soportar el frío invernal que planea por el asfalto. Después de tener todo encima, chaqueta, guantes, bufanda, etc., abrimos la puerta y nos enfrentamos al ambiente gélido que reina en la ciudad.

La caminata empieza con un paso firme y rápido para llegar al destino lo antes posible, a veces pensamos en correr para empezar a sudar un poco y así calentar los músculos que parecen tensarse. Después de unos minutos terribles llegamos y empezamos a dar vueltas cuando abrimos la puerta del salón de clases, ya que el vapor que sale de la calefacción genera un sopor que nos calienta hasta el alma. Esto hace que nos veamos afectados y empecemos a quitarnos la ropa, una por una nos despojamos de todas las prendas que llevamos puestas, las vamos colocando en la silla que es la nueva encargada de llevar el peso.

El calor es de un nivel tan alto que nos vemos obligados a desatar una épica batalla entre la calefacción y la ventana, que debemos abrir para controlar la temperatura. Si nos fijamos muy bien podemos observar como el aire frío entra al salón y se combina con el caliente, produciendo un pequeño tornado en el medio.

Las personas que se sientan cerca de los ventanales son las encargadas de controlar el clima de la clase. Tienen un poder sobre todos los que prestan atención a la exposición pero que en cualquier momento se pueden ver afectados por estos cambios. Son como semidioses pero al ser hombres a veces se apiadan de la mirada sutil de la mujer que tienen al lado y cierran la ventana para que el frío no penetre, como somos de sangre caliente es obvio el lado que tomaremos en la guerra. Ya va a ser hora de salir de aquí, nos preguntamos qué haremos cuando por fin se acabe la clase y tengamos que volvernos a poner la armadura para salir a la calle a combatir el frío que reina libremente.

¿Cuándo se acabará la pelea? ¿Hasta cuándo llevaremos esta pesada protección? ¿Cuándo volveremos a alcanzar esa temperatura perfecta?

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