martes, 16 de noviembre de 2010

una de tantas...

Era uno de tantos martes en los que no había economía. ¿La asignatura fantasma? ¿Es que ya no existía? Quién sabe por qué, los astros se alinearon el curso 2010-2011 para que todos los martes hubiera alguna excusa para evitar la clase. En esta ocasión, una visita a la depuradora. De lo que somos capaces de soportar para saltarnos la lección de nuestro estimado profesor!

Todo empieza en el bar, animándose el ambiente (ambiental) para una salida, ilusionados como niños que se van de excursión. Niños de un cuarto de siglo que ya no van agarrados de una cuerda siguiendo profesores en bata de rayas. Irán, esta vez, acompañados de un catedrático y unidos inalámbricamente por unos cascos un tanto ortopédicos, y un micrófono que sostiene el experto.

Lo bueno que tienen las depuradoras es que lo peor se pasa al principio. Todos los sentidos se ven alterados y, a medida que se avanza, todo se va neutralizando: las vistas son más transparentes, los olores menos agresivos, todo parece tener otro color. Alzas la vista y hasta ves los aviones aterrizando al aeropuerto, mientras una hermosa puesta de sol se refleja ante tantos tanques grises, dándole su calidez. Y de vuelta al inicio, tus sentidos se han anulado: nada molesta, todo es lo más normal del mundo.

En el viaje de vuelta aparecen las consecuencias. Los olores, el cansancio, el frío, han afectado a nuestros niños ya no tan pequeños. Todo eso les ha colocado, y el ambientador y el calorcillo del autocar les hace sentir todavía más el contraste de los efectos de la depuradora. No saben por qué pero juegan, se ríen a carcajadas, el humor les ha subido a la cabeza. Han vuelto a ser niños por una vez de tantas,  como uno de tantos martes, en los que no hay economía...

Por: Alba

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