viernes, 10 de diciembre de 2010

Reencuentros

Qué sensación se genera en nuestra cabeza cuando volvemos a ver a alguien que hacía tiempo que no veíamos, una persona que apreciamos y queremos. Lo más común es una sonrisa, una alegría difícil de describir, un abrazo prolongado para que esto no vuelva a pasar, para que no nos vayamos nunca más.

La memoria inmediatamente empieza a dar vueltas en su propio espiral eterno y nos lleva a todos los momentos vividos con esa persona que estamos volviendo a ver, para recordarnos lo que significa este mísero primer segundo del reencuentro.

Hasta que nos cae una gota del cielo en el ojo, volvemos al presente y nos damos cuenta que esto es verdad, pero aún así dudamos, estamos ahí juntos otra vez, no es el sueño que tuvimos la noche anterior. Nos cuesta entender esto después de las horas de vuelo, de trasbordos y de esperas, en aeropuertos y en el carro gracias a las típicas colas que hay en la ciudad.

Lo triste es que no caeremos en cuenta hasta que llegue el momento de la despedida, cuestionaremos la realidad de los eventos y se empezará a crear una nueva espera para otro reencuentro, que siempre buscaremos repetir, para sonreír, para disfrutar, para abrazarnos una vez más y no dejarnos ir; claro, hasta que la vida nos lo permita.

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