Hay momentos en los que uno está tan triste o tan feliz que sucede algo extraño en la parte superior de la cara. Las emociones se apoderan del cerebro y los sentidos se apagan lentamente. Ese cambio radical incide entre la nariz y los ojos, y experimentamos como se produce algo diferente ahí adentro.
Los párpados se cierran y sienten como una pequeña gota sale de su interior. Esa primera lágrima que sale marca un recorrido que seguirán las demás, y es una extraña casualidad que vaya justo por donde pasaron sus suaves dedos la última vez que se vieron. Ella baja por el cachete, llega hasta el labio y lo bordea suavemente. La piel se siente húmeda y un poco cálida, por esta razón recuerda otras escenas mediante la memoria y las lágrimas empiezan a salir más rápido.
El caudal incrementa con el tiempo y la primera lágrima ve como el vendaval que viene hacia ella tranquilamente sigue marcando el recorrido; al final pasa por el punto donde fue el último beso borrando lo poco que quedaba de la pintura de labios y no sabe qué más hacer, no puede volver hacia arriba, la gravedad se lo impide, así que sigue bajando hasta que llega al borde de la cara.
Ya sabe lo que le toca hacer, ese precipicio se ve gigante para ella, se voltea y observa que todas sus compañeras siguen su camino, piensa si después de esto habrá cumplido su función de desahogar a su creador. Ella cree que sí y se empieza a despegar de la piel, sus pequeños pies agarran el impulso necesario para llegar a su destino final.
Uno siente como la lágrima se separa de su cara y mira como llega tranquila al piso seco y alumbrado por el Sol. Ella experimenta un aumento en la adrenalina, su cuerpo se estira un poco, sabe que su existencia está a punto de terminar y ve el final marcado en el suelo. El choque es más suave de lo que se esperaba, cuando lo toca se esparce en forma de círculo y mira para arriba y puede detallar como las demás vienen hacia ella.
Todas se van juntando y la marca circular va aumentando su diámetro, la radiación solar hace que se vayan calentando. Al estar compuestas por una gran cantidad de agua, ganan el poder de ascender al cielo y desde ahí cuidan a su dueño que en este momento tan triste o tan feliz aún no ha dejado de llorar.
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